SOY LA PARADA DEL COLECTIVO
Yo conozco todo tipo de protestas, insultos y palabrotas; la gente se queja más cada día porque cada vez quieren esperar menos. ¡Como tarda el micro, voy a llegar tarde al trabajo! - dice un hombre que se acostó de madrugada por ver una película que al final no le gustó.
Una señora embarazada viene corriendo, el chofer no la vio y ella perderá este colectivo, tendrá que esperar el próximo. En su queja dirá: ¡desconsiderado! ¿No vio mi estado? ¡Qué... van a ver estos hombres! y la criatura en su vientre ya irá sabiendo sobre machismo y feminismo.
Un anciano espera con resignación, los años le han enseñado cierta paciencia, además se dirige a cobrar su jubilación; va por tercera vez y no está muy seguro que le pagarán; ¡para qué enojarse con el chofer! Ya no es tiempo de discutir con nadie, la indiferencia de un mundo insensible ni siquiera puede notar que un abuelo está esperando el micro una tarde fría.
Una pareja de adolescentes se están besando como en la televisión, ya perdieron el micro anterior y perderán el próximo; pero eso no tiene importancia.
¡Cuántas historias! ¡Cuántas protestas! y pensar que la mayoría ni se da cuenta que la parada del micro es uno de esos lugares de esperas muy cortas y largas quejas. ¿Porqué no pensar un poco? Por ejemplo, que la misma vida es como una parada de colectivo donde esperamos el último viaje; mucha gente quejándose sin saber donde se dirige. ¿Existirán quejas del otro lado? ¿Será un lugar de descanso como dicen? ¿Habrá un arreglo de cuentas? ¿Qué pasaría si en lugar de quejarnos meditáramos? ¿No es la vida como un viaje? No es la muerte un micro de extraños horarios, al que nadie deja de abordar a pesar de no querer hacerlo? Si solo nos hiciéramos preguntas así, hallaríamos un poco de luz para nuestro entendimiento. Poro no nos preguntamos, ni meditamos. No somos más responsables que esos chicos que todavía se están besando.
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