martes, 6 de marzo de 2018


LA GRACIA Y LA LIBERTAD
 
El cristiano verdaderamente libre, sabe limitar su libertad para no ser de tropiezo a otros: Esto conduce a la gracia. La persona con gracia sabe negarse a lo que es lícito, es libre de un espíritu de superioridad.
 
La gracia es liberadora porque no exige lo que no queremos hacer, y porque nuestro hacer que vale ante Dios es el hacer que deseamos hacer. Todo lo que hacemos sin ganas de hacerlo es mas una ofensa a Dios que una alabanza. Tengamos la libertad de dejar de orar por imposición y veremos como vienen las ganas de orar por deseo propio.
 
La gracia es hacer con alegría lo que la religión hace con pesar; éste es un método muy eficaz para saber donde estamos parados.
 
Vivir en la gracia es no hacer nada sin sentir culpa.
 
La gracia se lleva bien con la autenticidad, la persona que vive en la gracia no se preocupa por tener que agradar a todos; esa persona puede decir lo que piensa ante otros que piensan distinto.
 
La gracia es el camino más eficaz a la unidad. Unidad no es cuando todos piensan igual, sino cuando piensan distinto y se respetan. Porque cuando nos obligamos a tener que pensar igual,  allí nace la hipocresía.
 
La gracia trae descanso porque no hay que hacer nada forzado, ni nada que no nos agrada, y sí podemos hacer lo que nos agrada sin sentirnos culpables. La culpa no va con la gracia.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario