LA
GRACIA Y LA LIBERTAD
El cristiano
verdaderamente libre, sabe limitar su libertad para no ser de tropiezo a otros:
Esto conduce a la gracia. La persona con gracia sabe negarse a lo que es
lícito, es libre de un espíritu de superioridad.
La gracia es liberadora porque no
exige lo que no queremos hacer, y porque nuestro hacer que vale ante Dios es el
hacer que deseamos hacer. Todo lo que hacemos sin ganas de hacerlo es mas una
ofensa a Dios que una alabanza. Tengamos la libertad de dejar de orar por
imposición y veremos como vienen las ganas de orar por deseo propio.
La gracia es hacer
con alegría lo que la religión hace con pesar; éste es un método muy eficaz
para saber donde estamos parados.
Vivir en la gracia
es no hacer nada sin sentir culpa.
La gracia se lleva
bien con la autenticidad, la persona que vive en la gracia no se preocupa por
tener que agradar a todos; esa persona puede decir lo que piensa ante otros que
piensan distinto.
La gracia es el
camino más eficaz a la unidad. Unidad no es cuando todos piensan igual, sino
cuando piensan distinto y se respetan. Porque cuando nos obligamos a tener que
pensar igual, allí nace la hipocresía.
La gracia trae
descanso porque no hay que hacer nada forzado, ni nada que no nos agrada, y sí
podemos hacer lo que nos agrada sin sentirnos culpables. La culpa no va con la
gracia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario