miércoles, 3 de enero de 2018

¡ESA PERSONA MOLESTA!!!


Estaba en el taller, y una persona a la que aprecio mucho, me causó cierta molestia; inmediatamente vino a mí, esta reflexión:
¿Será posible que esa persona vuelva, vez tras ves con lo mismo? ¿Cómo no se da cuenta lo mucho que me molesta?...
Seguramente que te ha pasado y no sales de tu asombro, a la vez que más y más te sientes molesto por lo que hace tal persona. Algunas veces se trata de un molesto grave, de esos que le amargan la vida a casi todo el mundo; otras veces el que te molesta es una buena y afable persona, en este caso hay que poner más atención. La molestia puede llamarse voz de Dios (no digo que siempre tenga que ser así, pero…). Bien puede ser que se me esté mostrando cuanto duele la molestia, para que yo sea consiente y comprenda como, ciertas actitudes mías pueden molestar a otras personas. En este caso, lo mejor que puedo hacer es mirarme a mí mismo, no como la víctima, sino como el victimario de otra persona. De esta forma, Dios, que suele hablar tan claro, puede mostrarme algo que no era posible decírmelo de otra manera. Siempre, para comprender a los demás, hay que experimentar, en carne propia, cuanto les puede doler a los demás. Por eso Dios permite que esa molestia que me duela a mí.



Vuelvo a repetir que esto no es siempre así, solo que puede ser algunas veces… y por eso es muy sano mirar, más, dentro de nosotros y no responsabilizar siempre a los demás por lo que nos pasa.


T.L. Ediciones “Mi Horno de Barro”

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