lunes, 8 de enero de 2018

LA RELIGIOSIDAD, EL PECADO MAS ABORRECIBLE


Creo que nunca será suficiente tratar de ahondar sobre la perversidad de la religión, ya que lo más horrendo del pecado se anida en la religiosidad. Uno puede poner el peor de los ejemplos, podemos nombrar a un traficante y asesino como Pablo Escobar, y sin embargo quedarse corto. Cualquier malvado de este mundo, que vive en las más densas tinieblas será conciente que su camino y su proceder es malo; el mismo Pablo Escobar le repetía... a su hijo, que no viviría mucho dado a su camino tenebroso. Pero el religioso carece de esa capacidad de autoexamen, el religioso toma los valores sagrados, los manipula, los impone cruelmente a otras personas, mientras él mismo vive en oposición a esos valores. Un malvado ladrón y malhechor puede arrepentirse a la hora de la muerte: pero los religiosos, luego de condenar a Jesús, pagaron a los soldados para que sea negada la resurrección. Un malvado ladrón puede arrepentirse, pero los escribas y fariseos pagaron para ir al infierno. Sin embargo aquella gente, hijos del diablo, como los calificó Jesús, eran los que administraban la ley de Dios; y esto es lo que hace a la perversidad que no se puede describir.
Pero ¿Por qué hacemos el planteo del comienzo? Es que ese mismo espíritu religioso no ha cesado de estar en actividad en nuestros días. Hoy la religiosidad está viva y activa, y lo estará hasta el mismo fin de los tiempos. Quienes crean estar totalmente libres de la influencia religiosa, observen los siguientes ejemplos:


Tenemos el caso reiterado de un hombre que asiste a las reuniones de la iglesia, puede ser que hasta participa en el liderazgo; pero ese sujeto maltrata a su esposa, puede que también la castigue físicamente. La pobre mujer cuenta el caso a cierta persona, y este fulano le sale con lo que dice la palabra de Dios: Hermana, la biblia dice que debe someterse a su esposo y que hay que amar al prójimo como a sí mismo. Este maldito “consejero”, está utilizando la palabra de Dios para destruir a una persona, desfigurando la persona de Dios.


Tomemos otro ejemplo: Un hermano y su familia faltan a la reunión el domingo por la mañana porque deciden ir a la playa; otro hermanito religioso se entera y condena al carnal que se ha ido a la playa el día del Señor. Lo peor del caso es que ese religioso quisiera poder ir a la playa, pero no se lo puede permitir, porque su deber es ir a congregarse. Esto es una cosa muy común entre personas que luego repiten: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Y así abundan los ejemplos.


Terminamos diciendo que los pecados mas graves son cometidos por las personas que menos pensamos ¡Dios nos libre, no seamos nosotros esas personas!!!!

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